martes, 23 de septiembre de 2008

LAS ESPADAS JUDICIALES.

Después que el Poder Legislativo recobrara su protagonismo, merced al ya famoso voto no positivo que lo volvió a vestir como un poder autónomo, ahora le tocó el turno a los jueces.
Este bien pensado relanzamiento, que ni Fayt ni Petracci soñaron en el cuarto de siglo que llevan como ministros del Máximo, trata de ubicar al Poder Judicial como un poder tan importante como el Ejecutivo. Así las cosas, este año los magistrados se jugaron un poco más que lo habitual.
Tradicionalmente ubicados en una esforzada corrección política (los jueces hablan por sus fallos, según los más conservadores paladares) se pasaban de frugales a la hora de hacer declaraciones. Este año, en cambio, blandieron espada por partida doble. Por un lado el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti –el siempre correcto– que llevó la voz cantante y recibió los palos que presto devolvió el Consejo. Por el otro, el presidente de la Asociación de Magistrados, Ricardo Recondo –el atildado–, que venía hace tiempo fogoneando desde los medios de comunicación más afines con la oposición un duro cuestionamiento al oficialismo, particularmente centrado en las dificultades para los jueces que ocupan fueros que tienen como misión controlar al poder político.
Ambas espadas lucieron afiladas en terreno mediterráneo, y cosecharon repercusiones de los medios nacionales, como pocas veces antes.
¿Se seguirán haciendo oír o reposarán sosegadas hasta el IV Encuentro Nacional?
Lo cierto es que el reclamo cayó mal en el Consejo de la Magistratura de la Nación. Desde diversos estamentos y con voces de distinto color político, varios consejeros pusieron el grito en el cielo por la “osadía” de los jueces. La diputada ultra kirchnerista Diana Conti, el senador radical Ernesto Saenz y el abogado porteño Santiago Montaña hicieron enérgicas referencias sobre lo dicho en la conferencia de magistrados. Sin embargo, sin desatender a los consejeros nacionales, ni dejándolos explícitamente afuera, Lorenzetti pareció dirigir sus cañones sobre todo hacia los consejos de la magistratura de las distintas provincias argentinas.
"En la Corte recibimos reclamos de jueces de todo el país. Los consejos de la magistratura desnaturalizan la atribución de acusar a los jueces y suelen hacer un mal uso de ella" declaró don Ricardo. Sin embargo el tema, no es nuevo. Ya el año pasado, cinco ONGs se pronunciaron amargamente sobre la cuestión. Gobiernos hegemónicos, dirigentes caudillistas, jueces socios de los gobernantes, falta de transparencia en la selección de magistrados, persecuciones a funcionarios judiciales que investigan lo que el poder político no quiere, abundaron por distintas latitudes. Este conjunto de lamentables situaciones caracteriza a la Justicia en varias provincias argentinas. Lo cierto es que aquí no hay nadie que se salve. Hay que mirar la paja en el ojo ajeno, pero también la viga en el propio. Y el dicho vale tanto para consejeros como para jueces. Tanto para el Máximo Tribunal como para los magistrados de las demás instancias. Sirve para todos, porque en materia de Justicia, todos podrían hacer más de lo que hacen y de mejor forma. Que muchos magistrados le tengan miedo al Consejo, es escandaloso. Que muchos jueces no sean independientes es deplorable. Que los tribunales inferiores no atiendan los precedentes de la Corte es lamentable. Que muchos magistrados no sepan derecho constitucional, es gravísimo. Que se manipulen concursos o que se crea que se manipulan, es muy triste. Que los justiciables vean cercenados sus derechos porque no tienen plata, suerte o ganas de batallar para llegar a la Corte es injusto. Que muchos malos jueces no sean destituidos por la simple razón de que no pertenecen a fueros “políticamente calientes” es infame.
Escandaloso, deplorable, lamentable, gravísimo, triste, injusto, infame: demasiados adjetivos para que la Justicia lleve sobre los hombros.

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