viernes, 10 de octubre de 2008

Me voy de casa. Me cansé. No te soporto más

  • El matrimonio es el pilar básico y esencial para la formación de una familia bien constituida, es por ello que cuando uno de los cónyuges hace abandono del hogar, toda la estructura se quiebra.

    En principio hay que considerar que como nos dicen tanto en el registro civil, como en la iglesia antes de dar el “si”: el matrimonio es para toda la vida ...en la salud y la enfermedad...etc. En la actualidad existe la figura del divorcio vincular, pero eso no obsta a que nuestro matrimonio nos genere consecuencias para siempre.
    Existen diversas definiciones respecto al matrimonio, entre las cuales todavía no hay unidad, ya que puede considerarse desde el punto de vista civil, religioso, etc. Lo cierto es que quienes contraen nupcias en nuestro país, se someten al ordenamiento jurídico vigente que establece entre otras cuestiones, derechos- deberes para los cónyuges. Se los denomina de esta manera dado que existe reciprocidad y los que funcionan como un derecho de uno, son el deber del otro y viceversa.
    Nuestro código civil en su art. 198 dice: “Los esposos se deben mutuamente fidelidad; asistencia y alimentos”. La constitución del matrimonio, según nuestra cultura occidental, consagra la unión del hombre y la mujer sobre la base de la monogamia, es por ello que la violación al precepto de la fidelidad es en nuestro ordenamiento jurídico una causal válida de divorcio. Debe tomarse a la fidelidad en un sentido amplio, de manera tal que los cónyuges no sólo deberían abstenerse de tener relaciones sexuales con otras personas sino que también deberían evitar cualquier relación que cree una apariencia comprometedora y lesiva para la dignidad del otro. La fidelidad hacia el otro esposo tiene como base fundamental el respeto por su persona. La asistencia comprende la mutua ayuda, solidaridad afectiva, cuidados recíprocos, y toda la colaboración necesaria en pro de la familia. La obligación alimentaria forma parte de lo que llamaríamos un deber general asistencial, esto significa que los cónyuges deben mutuamente, prestarse asistencia económica, y en caso de que así no sucediere, se podría reclamar el cumplimiento judicialmente.
    Pero el derecho -deber que nos ocupa en este caso es la “cohabitación”. Cohabitar significa vivir bajo un mismo techo, vivir juntos, es decir que compartan el hogar conyugal. Este deber no puede cesar salvo por una causa justificada, tal sería el caso de que uno de los cónyuges resida determinada cantidad de tiempo al año en otro lugar por cuestiones netamente laborales.
    Cabe aclarar que la cohabitación va a subsistir hasta tanto exista una sentencia judicial de separación personal o de divorcio vincular que permita que la misma sea suspendida. También podrá cesar por vía judicial cuando ésta ponga en peligro la vida o integridad física, psíquica o espiritual de uno o ambos cónyuges, o bien de los hijos.
    El deber de cohabitación es recíproco, por lo que, la actitud de cualquiera de los cónyuges de suspenderlo, constituye un incumplimiento de su obligación y determina la posibilidad de solicitar judicialmente su reanudación, y la configuración de la causal de divorcio prevista en nuestro código civil como abandono voluntario y malicioso. Esta causal se da por el retiro injustificado del hogar realizado con la intención de dejar de lado la convivencia. Es voluntario porque se lo hace con conciencia de la actitud y postura que se está tomando y es malicioso porque se hace con la intención de causarle un perjuicio al otro o bien sabiendo las consecuencias que este retiro intempestivo pudiere acarrear. Por lo tanto, quien se retira del hogar deberá probar que existieron causas justificadas para hacerlo.
    Es por ello que no se deben tomar decisiones apresuradas. Siempre en las cuestiones de familia se debe obrar con cautela, midiendo las consecuencias del acto que uno va a llevar a cabo. No todo es tan sencillo como para dar un portazo y dejar toda una vida atrás. En todo momento hay que tratar de recapacitar.
    Esto no significa que si existe una causal justificada uno deba estar atado al matrimonio; si usted tuviera que retirarse de su hogar, por ejemplo por cuestiones de violencia familiar, hágalo, pero lo aconsejable es que al menos efectúe una exposición civil de su abandono del hogar manifestando las causas, para evitar llevarse una sorpresa en el futuro cuando su cónyuge le inicie un divorcio por la causal antes mencionada y usted no tenga forma de probar que realmente se retiró por una causa justa.

FUENTE: http://www.sepadefenderse.com.ar/familia.htm#5

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