lunes, 15 de diciembre de 2008

De lo virtual a lo real: condenas por usar Facebook y nuevas nociones de privacidad

Por Ezequiel Apesteguia


  • A pesar de todas las advertencias y de mis opiniones encontradas sobre el tema, últimamente paso bastante tiempo experimentando con Facebook. Comencé a usar la red social por trabajo y ahora la utilizo más por curiosidad y por el hecho de poder hacer nuevos contactos que por todas las demás opciones que posee —léase jueguitos, regalos, aplicaciones y otras yerbas por el estilo—.
    Cada día me sorprendo más con las consecuencias de nuestras prácticas digitales en el mundo real y los diferentes grados de representación que la red nos ofrece. Hace unos días me encontré con este titular:
    Condenado por crear un falso perfil en Facebook. Resulta que la justicia británica condenó a un hombre a pagar 17.000 libras esterlinas (unos 102.000 pesos argentinos, más o menos) por crear el perfil falso de un amigo en el que aseguraba que era homosexual. La condena se dividió en dos partes, 15.000 libras por difamación y 2000 por violación de la vida privada, ya que todos los datos personales del perfil eran verdaderos.
    No es la primera vez que un tribunal condena a alguien por el uso de la famosa red social. En febrero de este año el marroquí Fuad Mortada fue
    condenado a 3 años de prisión por crear un perfil del hermano del rey Mohamed VI. Tuvo suerte porque un mes después el rey lo indultó. Un caso más reciente es el del soldado israelí que pasó 19 días en la cárcel por subir información confidencial, como fotos de su base y armamento, a su perfil.
    Me interesa detenerme en esta interacción entre «lo virtual» y «lo real», el punto en el que surgen nuevas transformaciones sobre la forma en la que entendemos e interpretamos la realidad. Un ejemplo de esto son «las nuevas nociones de privacidad» que la cultura digital está configurando; tal y como lo aclara María Belén Albornoz en
    su artículo en la revista Nómada:
    Mientras fuera de la red somos cada vez más celosos de nuestra privacidad y reclamamos nuestros derechos ante las nuevas políticas globales de prevención del terrorismo, en los mundos virtuales vamos perdiendo la capacidad de distinguir entre lo público y lo privado que tanto valoramos fuera de ellos.
    Una hipótesis que me parece muy acertada y que María explica mejor con este ejemplo:
    Cualquier usuario de Hi5 jamás entregaría a extraños en la calle fotos de su familia o fotos personales, por ejemplo. Pero en línea, lo hace constantemente sin mantener relación con sus conductas fuera de Internet.
    Quizás deberíamos dejar de pensar, casi con ingenuidad, que existe una división entre ambos mundos. Debemos ser conscientes de que nuestras prácticas virtuales se reflejan cada día con mayor fuerza en el plano real. Nuestro «yo digital» se convierte en una representación más fiel, elaborada y detallada de nuestro «yo real». Hay que tener cuidado, en una de esas también nos condenan
    por hacernos los graciosos.


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