sábado, 20 de diciembre de 2008

La Maldita Violencia Familiar

  • > La violencia en la familia no es igual a la que se presenta en la calle ni entre personas desconocidas. Ocurre en donde debería ser el lugar más seguro: nuestra propia casa. En este informe conozca las herramientas legales que tiene a su disposición.

    La violencia familiar sucede cuando alguno de los integrantes del grupo abusa de su autoridad, su fuerza o su poder, maltratando a las personas más cercanas: esposa, esposo, hijos, hijas, padres, madres, ancianos, u otras personas que formen parte del entorno familiar. Esto significa que no necesariamente tiene que haber un vínculo de sangre o de papeles como en el matrimonio, sino que puede darse también en uniones de hecho como el concubinato, y hasta en las relaciones de noviazgo.
    En las resoluciones del III Congreso de Derecho de Familia realizado en El Salvador, en 1992 se define la violencia familiar como «cualquier acción, omisión, directa o indirecta, mediante la cual se inflige sufrimiento físico, psicológico, sexual o moral a cualquiera de los miembros que, conforman el grupo familiar».
    Las agresiones pueden exteriorizarse de diversas maneras, no necesaria-mente deben ser ataques físicos, sino que se encuentran comprendidas también las agresiones psicológicas, sexuales o morales, ya sea por una acción directa, o por una omisión. Se pone de manifiesto en diferentes grados que pueden ir desde coscorrones, pellizcos, gritos, golpes, humillaciones, burlas, castigos y silencios, hasta abusos sexuales, violaciones, privación de la libertad y, en los casos más extremos, lesiones mortales.
    Entre las características que describen a una persona violenta, podemos destacar que desarrolla su comportamiento en privado, mostrando hacia el exterior una fachada respetable, honorable, digna y educada, por lo cual la conducta violenta es inimaginable. Además, hasta pueden exteriorizar la imagen de un ejemplar padre o madre, esposa o esposo.
    En reiteradas oportunidades, vemos el caso del ejercicio de la violencia a través de la dependencia económica, ya sea cuando se atormenta a la otra persona y se trata de justificar la actitud violenta so pretexto de ser el sostén de la familia, o bien cuando las víctimas son privadas o tienen muy restringido el manejo del dinero, la administración de los bienes propios y/o gananciales. Si bien hay que respetar y comprender la responsabilidad que pesa sobre quien es el sostén económico de la familia, también hay que entender que no por eso tienen el derecho de ejercer violencia, ni de oprimir a los demás.
    Quienes son víctimas de situaciones violentas, temen al cambio y a la posibilidad de convivir en armonía porque no saben cómo lograrlo. Cada quien aprende a relacionarse con los demás de acuerdo a sus vivencias personales, es por ello que el ciclo violento se repite en las familias que forman los hijos de padres violentos. Cuando un hombre y una mujer conforman una pareja se produce el encuentro de las historias individuales. Cada uno llega con un bagaje propio de valores y creencias acerca de los conceptos de «familia» lo cual tendría que propender a un balance de los mismos, para poder lograr un equilibrio.
    Pero cuando esto no se logra, se presenta la crisis y los miembros actúan de modo desorganizado, se produce una distorsión de la comunicación, los valores y creencias se cuestionan.
    Existe una ley nacional y diferentes leyes provinciales que regulan esta situación. Entre las medidas que podrá llevar a cabo la justicia al tomar cono-cimiento de los hechos denunciados, se encuentra la posibilidad de ordenar, con el fin de evitar la repetición de los actos de violencia, algunas de las siguientes medidas de acuerdo a las características del hecho que se denuncia: la exclusión del presunto autor de la vivienda donde habita el grupo familiar; prohibir el acceso del presunto autor al domicilio del damnificado como a los lugares de trabajo, estudio o esparcimiento del afectado y/o del progenitor o representante legal cuando la víctima fuera menor o incapaz; como así también fijar un perímetro de exclusión para circular o permanecer por determinada zona. Asimismo arbitrará los medios necesarios para que el agresor cese con todo acto de perturbación o intimidación contra la o las víctimas; ordenar a petición de quién ha debido salir del domicilio por razones de seguridad personal su reintegro al mismo, previa exclusión del presunto autor; la restitución inmediata de los efectos personales a la parte peticionante, si ésta se ha visto privada de los mismos por hechos de violencia familiar; proveer las medidas conducentes a fin de brindar al agresor y el grupo familiar, asistencia legal, médica y psicológica a través de los organismos públicos y entidades no gubernamentales con formación especializada en la prevención y atención de la violencia familiar y asistencia a la víctima; en caso de que la víctima fuere menor o incapaz, puede otorgar su guarda provisoria a quien considere idóneo para tal función. La guarda se otorgará prioritariamente a integrantes del grupo familiar, o de la comunidad de residencia de la víctima. Una vez adoptadas las medidas tendientes a la protección de la víctima, el juzgador interviniente citará a las partes y deberá instarlas a asistir a programas terapéuticos. Recuerde por último que si usted es víctima de violencia doméstica, debe denunciar el hecho.-

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